Quién era Hygeia

Hygeia, en la mitología griega, era una de las hijas de Asclepio (Esculapio, para los romanos), hijo de Apolo. Apolo hizo que fuera educado por Chiron, un centauro, quien enseñó a Asclepio las Artes de la curación. Cuando hubo crecido logró habilidades de experto cirujano y en el uso de  plantas medicinales e, incluso, podía restaurar la vida a los muertos.  Hades, señora de la muerte, se alarmó por esto y se quejó a  Zeus, que mató a Asclepio con un rayo.

Asclepio era venerado como el dios de la medicina,  en un sentido global, puesto que para un griego todo estaba relacionado: lo visible (el cuerpo) y lo invisible (el alma). La salud implicaba un equilibrio tanto en el cuerpo como el alma: si algo fallaba en esa parte invisible,  algo en el cuerpo fallaba también.  La enfermedad física y la patología psíquica tenían una indisociable unidad de significado.

Hygeia, pues, una de las hijas de Asclepio, se relacionaba especialmente  con  la prevención de la enfermedad, con el mantenimiento de la salud, mientras que la curación, cuando la enfermedad ya se había producido, estaba más vinculada a otros vástagos como Panacea. De hecho el significado de Hygeia (aunque del nombre de esta diosa haya derivado nuestra palabra Higiene)  es salud. La diosa romana equivalente a Hygeia es la diosa Salus.

Se la solía representar como una mujer joven alimentando una gran serpiente enroscada en torno a su cuerpo. La herencia de la serpiente en la medicina la encontramos aún en el símbolo de la Farmacia  y de la Medicina. Para cristianos, judíos e islámicos, la serpiente no tiene el carácter benéfico e iluminador que tiene en las culturas antiguas, en las que la serpiente es un animal entre dos mundos, capaz de vivir bajo tierra y que muda la piel. Para un griego, y la mayoría de culturas, el descenso al inframundo (por debajo de la consciencia, de lo visible) es imprescindible para curarse. Hay que bajar a ver qué ocurre ahí para poder salir curado aquí, con una nueva piel.